Policía de la Ciudad detuvo a cuatro dealers en distintos hechos en Retiro, Caballito y Almagro

La Policía de la Ciudad detuvo en las últimas horas a cuatro dealers con marihuana, cocaína y pasta base, en distintos procedimientos realizados en los barrios porteños de Retiro, Caballito y Almagro.

En uno de los hechos fueron detenidos por la noche dos dealers, un argentino de 22 y un ciudadano paraguayo de 42, quienes fueron atrapados con 41 envoltorios de marihuana, 84 dosis de pasta base y casi 3 mil pesos en efectivo en el Barrio 31, de Retiro.



Todo ocurrió cuando efectivos de la División Operaciones Zona Norte, perteneciente a la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico y la Venta Ilegal de Drogas, recorrían la Manzana 100 Bis cuando observaron infraganti a los dos imputados realizando maniobras compatibles con la venta de estupefacientes a los transeúntes.

Ante esta situación los agentes los interceptaron, hallaron las citadas sustancias y los detuvieron por infracción a la Ley de Drogas (23.737), por orden de la Fiscalía Penal, Contravencional y de Faltas Nº 11.

Por otra parte, en Caballito, los efectivos de la División Precursores Químicos 3 capturaron a un «narco taxi» con cuatro envoltorios con 10,3 gramos de cocaína, tres envoltorios con casi 68 gramos de marihuana y dos de pasta base, con un pesaje de 20 gramos.



Todo ocurrió cuando los agentes observaron al taxista en el cruce de Alberdi y Murguiondo realizando maniobras bruscas con el auto mientras hablaba por teléfono celular, por lo que procedieron a identificarlo, hallando las mencionadas sustancias ilícitas entre sus pertenencias.

En el hecho intervino la Fiscalía de Primera Instancia en lo Penal, Contravencional y de Faltas Nº31, quien dispuso la detención del dealer también por infracción a la ley 23.737.

Por último, otro de los casos se registró durante la madrugada en Almagro, cuando personal de la Brigada de Investigaciones de la Comisaría Comunal 5 identificó a una persona que caminaba sin barbijo por la calle, en Estado de Israel al 4800, quien además de no justificar su circulación tenía entre sus pertenencias un envoltorio de nylon con 10 gramos de cocaína.

Ante esta situación, el imputado de 20 años también quedó detenido por disposición de la Fiscalía Primera Instancia en lo Penal, Contravencional y de Faltas Nº22.

La solidaridad del encargado que ayuda a los adultos mayores de su edificio

«Me debe diez pesos: la voy a poner en la lista negra», bromea Julio, y Estela sonríe. Julio Villagarcía es encargado de un edificio en la calle Monroe, en Belgrano. Estela Gamondés, una vecina de 82 años que vive en el primer piso y cuenta con la ayuda de él para hacer compras y pagar facturas.

Julio acaba de llegar cargado de bolsas de un largo recorrido por el barrio, que incluye un supermercado chino, una pescadería y un local donde se pagan impuestos y servicios. Todos los pedidos que realizó son para adultos mayores que viven donde él trabaja. Son personas incluidas en los grupos de mayor riesgo por las autoridades sanitarias y es altamente recomendable que no salgan de sus casas para no exponerse al COVID-19.

La Ciudad lanzó el programa Mayores Cuidados en el que se inscribieron unos 40.000 voluntarios y más de 11.000 adultos mayores, para ayudarlos a realizar compras en farmacias y comercios de proximidad, y el paseo de sus mascotas, entre otras necesidades, durante el aislamiento preventivo y obligatorio.

Atento a esas recomendaciones todos los días Julio recorre desinteresadamente piso por piso y visita en sus departamentos a «los abuelos», como los llama, para ver cómo están y si necesitan algo. Recoge los encargos y sale a la calle con el listado dispuesto a colaborar con ellos.

Siempre con su tapabocas negro puesto, hace la cola en todos los comercios manteniendo distancia de otros compradores. Y con paciencia va cumpliendo con cada punto de la lista. «Estoy ayudando a los abuelos de mi edificio», cuenta. Y aunque muchos gestos de su cara no se ven porque están cubiertos, se nota que la mirada se le llena de orgullo.

Al principio él se muestra un poco reticente a contar su historia solidaria porque cree que está haciendo lo que corresponde. «La gente ve cómo uno se comporta y se va dando cuenta de quién es uno y eso genera confianza. Yo los ayudo a hacer las compras y ahora que volvieron a abrir los locales, a pagar los impuestos. Les doy la seguridad de contar con alguien que les da una mano en esta situación que no esperábamos», sigue.

Porteño, con un breve pasado en Tucumán, hace 10 años que Julio es encargado del edificio. La gente ya lo conoce. Entre los beneficiarios de su tarea solidaria hay principalmente cuatro vecinos: tres señoras y un señor. Hay otros adultos mayores en el consorcio, pero sus familiares se ocupan de llevarles mercaderías y de que estén atendidos. Allí también vive gente joven que ofrece su ayuda a los más grandes y se preocupa de que todos estén bien. «Los más chicos ponen cartelitos en el ascensor. En este edificio no hay problemas: somos como una gran familia. La verdad, 11.000 puntos», califica el encargado.

Julio se hace tiempo para hacer los mandados sin descuidar sus tareas en el edificio de Monroe entre Cuba y Arcos. También se las ingenia para supervisar las tareas de la escuela de sus dos hijas de 10 y 15 años. «También es una enseñanza que les doy a ellas», agrega sobre sus nuevas ocupaciones.

«Me piden leche, pan, galletitas y una señora, que le compre pescado», enumera, y detalla que una vecina tiene un gatito con un problema gastrointestinal y tiene que consumir una comida especial. El va a la veterinaria y se la compra.

Pero no solo hace los mandados. También se ocupa de cuestiones domésticas que se complicaron con la cuarentena, como arreglar pérdidas de agua y cambiar las lamparitas que se queman. «Hay cosas que no te cansan», describe.

Estela mira las peras que acaba de recibir y exclama en juvenil lenguaje: «¡Están joya!». Después razona: «Julio me está conociendo más a mí. Y yo lo estoy conociendo más a él. Esto está creando lazos nuevos que son sumamente valiosos. Me llena de orgullo su ayuda, así como la que recibo de mis sobrinas que están pendientes con un grupo de WhatsApp, y se ocupan de otros trámites».

Ya en planta baja, Julio se despide con una reflexión: «La otra persona te mira, y solamente con la mirada ya te agradece. Se siente bien él, y te sentís bien vos. Yo me siento útil. Más allá de darles una mano me doy una mano a mí, porque me hace bien. La solidaridad nos hace bien a todos».