6-7-2017


El Mercado Constitución, conocido con ese nombre desde 1858, era una simple concentración de carretas que se agrupaban en la plaza. Con la previa solicitud de propietarios y comerciantes, la ciudad aprobó su emplazamiento después de una intensa controversia. Con el aval del gobernador Pastor Obligado, destinó para parada de carretas un terreno cuadrilongo, que se fue transformando en trapecio, circundado por las calles Cochabamba, Buen Orden (después Bernardo de Irigoyen), Brasil y Salta.

La discusión en torno al lugar donde se debía emplazar ese mercado de frutos había sido ardua, pero por fin se resolvía el tema de la nueva instalación de dichos vehículos en la ciudad. Históricamente el sitio que ocupó era un terreno anegadizo, un verdadero “pajonal” suburbano que posteriormente fue rellenado por la Municipalidad con residuos y basura.

Al principio hubo dos mercados: uno llamado “Mercado del Sud del Alto”, por su proximidad con los Altos de San Telmo y otro conocido como “Mercado del Sud del Bajo” en la calle Larga (actual Montes de Oca). El Mercado del Alto, desde 1852, ya figura con el nombre de “Mercado del Sud” en las memorias municipales, porque fue el que prosperó.

El espacio que albergaba 900 vehículos se engrandeció con los terrenos linderos que fueron vendidos en subasta pública en 1858. Sólo algunas construcciones precarias rodeaban el mercado, dado que los propietarios que los adquirieron demoraron el pago o se mantuvieron indecisos respecto al valor de los predios.

A fines de 1862 estuvo por desaparecer, porque un concesionario del nuevo camino de hierro (el ferrocarril), exigió cumplir el contrato y construir en el lugar la nueva estación. La Municipalidad se opuso alegando una reciente ley que prohibía construcciones de edificios en lugares destinados a plazas públicas.

Dice Maroni: “el Mercado Constitución llegó a ser mucho más que una simple parada de carretas. Su recinto, es decir, el enorme espacio abierto que servía de plaza, fue en realidad “el gran patio” de una inmensa barraca, constituida por todas las barracas que lo bordeaban y las situadas en los alrededores…” Al lugar del Mercado, que duraría hasta 1885, y que recién sería inaugurado como plaza en 1907, llegaban y se trasladaban carretas y bueyes en un incesante ir y venir de cargas de frutos del país, viajeros y bultos en medio de una abigarrada muchedumbre de variadas vestimentas, que indicaba el origen de la gente que deambulaba: comerciantes, mercachifles, paisanos, chinas e innumerables chiquillos.

La Plaza de Constitución se remodeló con la llegada de la estación de trenes que avizoraba sus inmediaciones. Siempre había sido un terreno baldío, poblado con la algarabía y diversión de los carreros que se amontonaban ruidosa y festivamente. Durante varios años funcionó como centro de carga y descarga, y de diversión para los sectores populares, que bailaban allí y frecuentaban los boliches, canchas de pelotas y los ranchos que fueron los embriones del barrio. Con la llegada del Ferrocarril (1865) paulatinamente entró en decadencia, pero quedaron sus huellas para que lo recordemos.

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